PULQUE
El pulque fue en Mesoamérica lo que el vino fue para los pueblos mediterráneos.
El
pulque fue una bebida ritual para los mexicas y otros pueblos
mesoamericanos. Era la bebida que se daba en las bodas, que se les daba a
beber a los guerreros vencidos que iban a ser inmolados, la que se
usaba en importantes ceremonias religiosas, etc. Estuvo tan arraigada en
la cultura autóctona, que no bastaron 300 años de esfuerzos de las
autoridades coloniales para eliminar su consumo, ni han bastado tampoco
176 años de esfuerzos de la sociedad independiente por desprestigiarla y
tratar de sustituirla por otras bebidas obtenidas por fermentación,
muy altamente prestigiadas por ser originarias de los pueblos europeos,
cuya cultura se ha impuesto, como la cerveza y el vino, que cuentan
con los medios masivos de comunicación para exaltar sus virtudes y el
buen gusto que implica el consumirlas y ofrecerlas. A pesar del
constante bombardeo propagandístico de los medios de comunicación, no
se ha logrado eliminar la práctica ancestral de consumir pulque en las
comunidades rurales y, todavía en escala significativa, en las
ciudades.
El pulque es el producto de la
fermentación de la savia azucarada o aguamiel, que se obtiene al
eliminar el quiote o brote floral y hacer una cavidad en donde se
acumula el aguamiel en cantidades que pueden llegar a seis litros
diarios durante tres meses.
Para recogerlo se utiliza el acocote, que es una calabaza alargada que sirve como pipeta de grandes proporciones.
El
aguamiel se consume directamente, siendo una bebida de sabor agradable
que contiene alrededor de 9% de azúcares (sacarosa). Se puede beber
cruda o hervida. Cuando se consume cruda existe el peligro de que las
saponinas que contiene, al tocar la piel junto a la boca, la irriten
produciendo ronchas.
Los mexicas, en su
peregrinación desde Aztlán o Lugar de las Garzas, en busca de
Tenochtitlán, aprendieron a fermentar este jugo azucarado al que
atribuyeron propiedades mágicas.

Esta bebida, llamada octli, tuvo una gran importancia a juzgar por los testimonios pintados en diversos códices.
A
la llegada de los españoles, este vino blanco perdió, junto con su
nombre (octli), su categoría y pasó, con el nombre de pulque, a ser la
bebida de los pobres, quienes han mantenido su afición a él hasta
nuestros días.
El nombre
pulque con
el que los españoles denominaron a esta bebida da idea de la
degradación en categoría que sufrió, ya que, según Núñez Ortega, este
nombre deriva de
poliuqui, que significa
descompuesto. Posiblemente impresionó a los conquistadores oír exclamar a los indígenas, cuando se les daba un pulque de mala calidad,
octli poliuqul, es decir
pulque malo o
descompuesto,
de manera que el adjetivo aplicado a la bebida descompuesta fue lo que
pasó al español, en vez del octli, que era el nombre de la bebida.
El
pulque, a pesar de los intentos por erradicar su consumo, sigue siendo
utilizado hasta nuestros días y forma parte importante del folklore
mexicano.
MANUFACTURA DEL PULQUE
El procedimiento tradicional, que data desde las épocas prehispánicas,
consiste en recoger el aguamiel y colocarlo en un recipiente de
cuero, donde se lleva a cabo la fermentación provocada por la flora
natural del aguamiel. Esto constituye la semilla con la que se
inocularán las tinas de fermentación, también de cuero, con capacidad
de aproximadamente 700 litros.
Conforme la
fermentación avanza, es controlada por catadores que vigilan la
viscosidad y sabor para determinar el momento en que se debe suspender.
Una vez hecho esto, se envasa el pulque en barriles de madera y se
distribuye en los expendios llamados pulquerías.
El
pulque es una bebida blanca con un contenido alcohólico promedio de
4.26%. Entre los principales microorganismos que intervienen en la
fermentación se cuentan el
Lactobacillos sp. y el
Leuconostoc, que son los que provocan la viscosidad, y la
Saccharomyces carbajali, que es la levadura responsable de la fermentación alcohólica.
El pulque es elaborado con la savia del
Agave atrovirens. Otros agaves son aún más ricos en azúcares y por lo tanto productores de materias primas susceptibles de ser fermentadas.
Por ejemplo, el
Agave tequilana,
del que se obtiene la bebida alcohólica llamada tequila, es una planta
con un alto contenido de azúcares en todas sus partes, especialmente
en su tallo o piña, que es donde se acumulan los azúcares de reserva en
forma de fructosanas, de las que llega a obtener entre 15 y 25%. Este
alto contenido de azúcares hace a la planta útil no sólo en la
elaboración del tequila, sino también en otras fermentaciones.